Tomé el camino a la hora señalada para la Casa del ideas de pequeños detalles para regalar Campo.
Fuime a las vistas, y lt regalos especiales allá, con ser una descuento en coto club la nacion plazuela bien grande, era menester enviar a tomar lugar a las doce, como para comedia nueva: hervía en devotos.Más que una moda, quiero pensar que es una forma personal de hacer las cosas: aprovechar los excedentes de algún producto que podamos conseguir, seleccionar productos de temporada que encontramos a buen precio, dar salida a los productos de la huerta o a esos frutos.Lo último que hice y que quedó muy bien (dicho por la gente que lo consumió) fue una mermelada de tomate, que nos ha acompañado en los desayunos de casa este año.Venga, y sea por lo que fuere.Los buenos caballeros, que vieron el negocio de revuelta, se apretaron de manera las carnes ayunas (cenadas, comidas y almorzadas de sarna y piojos que cupieron todos en un resquicio de la tarima.Sonaban los golpes en la tabla; callaban los dichos.Traía su capa de luto, botas, cuello pequeño y mostachos grandes.Dormía en un portal de un cirujano, con un pobre de cantón, uno de los mayores bellacos que Dios crió.Lo he entrevistado y esto es lo que me ha contado: #1.Mas sacóle de la puja don Lorenzo del Pedroso, el cual entró con una capa muy buena, la cual había trocado en una mesa de trucos a la suya, que no se la cubriera pelo al que la llevó, por ser desbarbada.
Determinéme de ir a una posada, donde hallé una moza rubia y blanca, miradora, alegre, a veces entremetida y a veces entresacada y salida; zaceaba un poco; tenía miedo a los ratones; preciábase de manos y por enseñarlas siempre despabilaba las velas, partía la comida.Mochilas, para, niños, mochilas Crochet, jabones, mochila De Tecido.Si vos queréis seguirme, venid, y si no, cada uno a sus aventuras.Dijo que no; y con tanto, acomodé los criados ajenos como buen caballero.Entramos; yo me ofrecí mucho a su cuñado y hermana, y ellos, no persuadiéndose a otra cosa sino a que yo venía convidado por venir a tal hora, comenzaron a decir que si lo supieran que habían de tener tan buen huésped que hubieran prevenido.Asomábase uno de a ocho tostado, y con aquel resuello del horno tropezóme en las narices, y al instante me quedé del modo que andaba como el perro perdiguero con el aliento de la caza, puestos en él los ojos.Animáronme a ello, poniéndome por delante el provecho que se me seguiría de casarme con la ostentación, a título de rico, y que era cosa que sucedía muchas veces en la Corte.

Llegamos tratando en ello a su casa.